Te contesto en serio.

Nunca llevo ningún detalle, excepto el precio estipulado. Bien es cierto que mis citas, normalmente, son de 2 ó más horas. Nunca doy propina. Pago al principio y me olvido.

Intento ir tan aseado cómo me es posible, cómo siempre, porque, para mi desgracia, el uniforme persigue mi vida. El de ahora no lleva correajes, pero si ridículas e inútiles corbatas (el uso para el que se crearon, enjuagar mocos -los hombres no lloran, juasss- no está actualmente bien visto).

En determinados, y pocos y fantásticos, casos, en lo que los ingleses llaman una LTR (no es una sigla de camión, sino "Long Term Relationship") si hubo, hay y habrá, regalos, gastronomía y, sobre todo, benditas locuras.

Pero en un contacto "normal", visitar a una escort simplemente, nada más que el precio.

Y la ridícula corbata. Intento no olvidarla en su piso